Cuentos y novelas

Cuentos y novelas

Este metroblog tiene cuentos, novelas y más. Pero todas son de mi mente. Espero que lo disfruten. Aclaración, no contiene ningún famoso.

INVITACIONES

  • Te invito a que te tomes tu tiempo y leas la novela.
  • Te invito a que dejes una critica constructiva. Buena o mala, constructiva al fin.
  • Te invito a retirarte si crees que este tema es demasiado duro para tí.
  • Te invito a retirarte si eres menor de 13 años.
  • Te invito a que si padeces de este estilo de vida y sientes que te discrimino, insulto, entre otras, leas la novela y luejo juzga.
  • Te invito a retirarte si sigues creyendo que tengo algo en contra tuya. 
  • Te invito a no criticar a las lectoras.
  • Te invito a disfrutar.
  • Te invito a que sepas que ocurre en mi mundo (solo ustedes saben que se me cruza por la cabeza)

Gracias por su atención.

No te copies. Derechos de autora.

No te copies. Derechos de autora.

Capítulo 1 - Parte III

 

Domingo, Noviembre 23 de 2008

 

Lea Wittenstein aquella mañana de noviembre recibió el mensaje que tanto estaba esperando: "listo.". Simplemente eso decía, pero tenía un significado verdaderamente especial para ella.

Los últimos meses habían sido una verdadera tortura y detestaba esa vida que estaba teniendo. Tenía dos opciones para liberarse de ella, los dos igualmente de cobardes. Abandonar sus problemas despidiéndose de su vida para siempre o huyendo de sus conflictos actuales. No tuvo las suficientes fuerzas tomar la primera decisión. Era joven, podía mejorar en algún momento su situación.

Agarró una hoja y un papel y anotó un par de letras, tachando ciertas partes para que la carta fuera más suave. Luego la dejó sobre la mesa, sus padres la verían al despertarse. Eran las seis de la mañana, tendría un par de horas antes de que la descubriera.

 

Carolina y Julio:

Me voy. Estoy harta de tener que vivir en esta familia de mierda llena de culpas que no existen y de mi vida social que también es una mierda. ¡Por favor! ¡Como si alguno de los dos tuviera la culpa de todo los que nos paso! Son cosas de la vida que ustedes no saben aceptar. Puede que cuando me vaya se terminen separando, sus peleas en los últimos meses son tan constantes que no me sorprendería.

Hagan de cuenta que no existo, no me busquen. Perdieron a sus dos hijas desde este momento.

Los voy a extrañar, pero no a ustedes, sino a lo que eran antes de que pasara este año. A ellos dos los extraño desde hace tiempo.

En fin, cuídense.

Lea Wittenstein, su hija.

 

Lea sin pensarlo dos veces, tomó una valija y metió dentro lo que necesitaría. DNI, celular, diario intimo, notebook, ropa y mas ropa, desodorante, maquillaje, dinero, lapicera, hojas, entre otras cosas de menor importancia.

Se perfumó, se arqueó las pestañas, se puso base, un poco de rubor y un lápiz labial color natural. Se vistió con un jean ajustado, unas botas altas que le llegaban hasta las rodillas con un poco de taco y finalmente una camisa cuadrille rosada.

Salió fuera y comenzó a caminar. A la esquina de su casa se encontró con un chico de unos 23 años que tenía los ojos rojos y un aliento a fernet insoportable. Primero Lea le entregó dinero, este lo contó y él asintió para sí. Le entregó un sobre y el hombre se fue.

Lea abrió el sobre en aquel momento. Estaba todo como lo habían arreglado. Un DNI citaba que ella era mayor de edad.

Fue a la estación de colectivos por medio de un taxi y compró un pasaje mostrando el DNI falso. Durante semanas había estado planeando ese momento y se había averiguado los requisitos y los horarios del colectivo. No le hicieron preguntas y todo resultó a la perfección. Lea Wittenstein suspiró, nunca creyó que funcionaria.

Esperó pacientemente a que su colectivo llegara. Media hora después de estar esperando un autobús de la empresa Andesmar se estacionó. El cartel digital que tenía decía: destino Las Grutas, Río Negro.

Lea Wittenstein se subió a bordo y cuando le pidieron los papeles, ella tranquilamente se los entregó. El conductor le sonrió, le entregó un caramelo y le deseo buen viaje.

 



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Capítulo 1 - Parte II

 

Jueves, Octubre 30 de 2008

 

Eli Wittenstein se despertó en la mañana con 39 grados de fiebre. La pobre temblaba de frío a pesar de que la calefacción estaba encendida y mantenía la constante temperatura dentro de la casa de 25 grados.

Carolina la medicó con un jarabe para la fiebre y le prometió que esa misma tarde cuando terminara de trabajar, la llevaría al médico.

Cuando los tres integrantes de la familia que debían cumplir con sus responsabilidades esa mañana, abandonaron la casa, Eli Wittenstein se volvió a dormir en su cama. Eran las 7.45 de la mañana y ella no planeaba levantarse en esas condiciones.

Recién al mediodía se levantó descansada, pero aun así sin fuerzas. El jarabe le había bajado la fiebre, aunque el dolor de garganta, los mocos y la tos, seguían presentes.

Luego de darse una ducha caliente, se dirigió a la cocina, abrió la heladera y se sirvió las sobras de la noche anterior. Era una combinación de atún, arroz, huevo duro y aceituna, que ella  le ponía mayonesa y lo envolvía con lechuga y se lo mandaba a la boca, frío y todo. Era una delicia.

Almorzó tirada en el sillón intentando de encontrar una algo bueno para entretenerse. Encontró luego de hacer zapping durante todo su almuerzo, la película "La última canción". Ya la había visto otras dos veces, pero no se cansaba de verla, siempre que tenía la oportunidad la volvía a ver. Faltaban todavía cinco minutos para que empezara.

Hubo una baja de tensión en la luz y luego finalmente toda la casa quedó inmersa en la oscuridad, ya que las cortinas estaban corridas. Pensó que la mejor opción en esas condiciones era tirarse en el sofá a dormir hasta que la luz volviese, no debía de tardar mucho.

Cerró los ojos y el agotamiento de estar enferma, la derrumbó y se durmió.



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Capítulo 1 - Parte I

 

Nadie puede pararme, solo yo puedo hacerlo.

 

20.000 mujeres en el mundo mueren al año por la anorexia y la bulimia.

 

 

Viernes, Octubre 28 de 2011.

 

- No voy a comer, no insistas.

Lea Wittenstein le contestó a la nada. Se observaba frente a un espejo semi desnuda. Sus ojos veían a una chica gorda. Sus piernas eran increíblemente rellenas, parecía que apenas podría avanzar con tremendo peso a levantar. Tenía colgando dos rollos flotantes y una barriga de un tamaño enorme. Su cara era redonda y tenía paperas.  Ella misma se describía como a un sapo.

Mirándose tristemente, tomaba con odio aquellos rollos infernales y por más ayuno que hiciera no se iban.

Me odio. Soy horrible. Se repetía una y otra vez.

Fuera del cristal, se observaba en un espejo con lágrimas en los ojos. Su reflejo mostraba el de una adolescente adulta con un conjunto de ropa interior negro. Las costillas eran visibles y su panza podría decirse que allí no existían los órganos que vitales, sino simplemente aire.

Sus ojos jugaban un papel muy importante en su vida, porque aunque recibiera miles de explicaciones de que ella era anoréxica y parecía una mujer que al tocarla se rompería en mil pedazos, no podía creer todo lo que escuchaba. Todos los días se miraba frente al espejo y se observaba con rabia detenidamente durante algunos minutos. Ella veía otra cosa totalmente diferente y eso le hacía creer que todo lo que le decían era mentira.

Intentaba tomarse grasas inexistentes de su cuerpo, tomando fuera de sus ojos, la piel que la cubría. Pero ella no sentía que no agarraba nada, ella sentía que tomaba kilos y kilos de pura grasa acumulada.

Pesaba 40 Kilos y no deseaba aumentarlos. No comprendía el sentido del peso. Nunca lo había llegado a comprender. ¿Cómo podía haber modelos que pesaban lo mismo que ella teniendo un cuerpo digno de una Diosa y ella esforzándose no llegaba a tener ni un octavo de su belleza?

 



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Prólogo

 


Lea Wittenstein se encontraba tumbada en una cama de dos plazas boca abajo. Abrió los ojos lentamente y a continuación comenzó a parpadear rápidamente para que la pesadez de sus parpados desaparezca. Sacó las manos de debajo de su almohada y se frotó los ojos.

 

Miró el reloj que tenía en su pequeña mesa de luz. Faltaban dos minutos para que sean las dos de la mañana. Su panza comenzó a sonarle mientras les daba unos horribles ataques de dolor. Fastidiada se destapó de las sabanas y se sentó en el borde de la cama. Con las manos se tomó la cabeza y se mantuvo en esa posición hasta que nuevamente su panza reclamó. Todo a su alrededor giraba.

 

Perezosamente se levantó y salió de su habitación a pasos cortos y cansados. Se dirigió a la cocina y tomó unos de los seis vasos de cristal que tenía. Abrió el grifó y dejó correr un rato el agua, hasta que la temperatura fue lo suficiente fría. Llenó el vaso hasta el tope y luego cerró nuevamente el grifo.

 

Tomó el agua rápidamente y dejó el vaso vacío en la pileta para lavarlo a la mañana siguiente. Se le había acumulado apenas una copa y un plato pequeño que aún contenía algunas migas de su miserable cena.

 

Se acercó a la mesa en donde había una libreta junto a una birome. Hizo esfuerzo para ver en la oscuridad sus números anotados durante el día. En el día había consumido unas pocas calorías de más de lo permitido: 540. No se podía dar un pequeño gusto nocturno de alguna galletita dietética. Suspiró y frustrada tiró la agenda sobre la mesa y se dirigió a su cama para continuar descansando.



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Trailer de Ojos mentirosos... mi novela

Aca les dejo el trailer... de mi novela !

Me ha tomado tiempo, pero queria hacer una presentacion virtual, espero que les guste!

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