Capítulo 1 - Parte III

Domingo, Noviembre 23 de 2008
Lea Wittenstein aquella mañana de noviembre recibió el mensaje que tanto estaba esperando: "listo.". Simplemente eso decía, pero tenía un significado verdaderamente especial para ella.
Los últimos meses habían sido una verdadera tortura y detestaba esa vida que estaba teniendo. Tenía dos opciones para liberarse de ella, los dos igualmente de cobardes. Abandonar sus problemas despidiéndose de su vida para siempre o huyendo de sus conflictos actuales. No tuvo las suficientes fuerzas tomar la primera decisión. Era joven, podía mejorar en algún momento su situación.
Agarró una hoja y un papel y anotó un par de letras, tachando ciertas partes para que la carta fuera más suave. Luego la dejó sobre la mesa, sus padres la verían al despertarse. Eran las seis de la mañana, tendría un par de horas antes de que la descubriera.
Carolina y Julio:
Me voy. Estoy harta de tener que vivir en esta familia de mierda llena de culpas que no existen y de mi vida social que también es una mierda. ¡Por favor! ¡Como si alguno de los dos tuviera la culpa de todo los que nos paso! Son cosas de la vida que ustedes no saben aceptar. Puede que cuando me vaya se terminen separando, sus peleas en los últimos meses son tan constantes que no me sorprendería.
Hagan de cuenta que no existo, no me busquen. Perdieron a sus dos hijas desde este momento.
Los voy a extrañar, pero no a ustedes, sino a lo que eran antes de que pasara este año. A ellos dos los extraño desde hace tiempo.
En fin, cuídense.
Lea Wittenstein, su hija.
Lea sin pensarlo dos veces, tomó una valija y metió dentro lo que necesitaría. DNI, celular, diario intimo, notebook, ropa y mas ropa, desodorante, maquillaje, dinero, lapicera, hojas, entre otras cosas de menor importancia.
Se perfumó, se arqueó las pestañas, se puso base, un poco de rubor y un lápiz labial color natural. Se vistió con un jean ajustado, unas botas altas que le llegaban hasta las rodillas con un poco de taco y finalmente una camisa cuadrille rosada.
Salió fuera y comenzó a caminar. A la esquina de su casa se encontró con un chico de unos 23 años que tenía los ojos rojos y un aliento a fernet insoportable. Primero Lea le entregó dinero, este lo contó y él asintió para sí. Le entregó un sobre y el hombre se fue.
Lea abrió el sobre en aquel momento. Estaba todo como lo habían arreglado. Un DNI citaba que ella era mayor de edad.
Fue a la estación de colectivos por medio de un taxi y compró un pasaje mostrando el DNI falso. Durante semanas había estado planeando ese momento y se había averiguado los requisitos y los horarios del colectivo. No le hicieron preguntas y todo resultó a la perfección. Lea Wittenstein suspiró, nunca creyó que funcionaria.
Esperó pacientemente a que su colectivo llegara. Media hora después de estar esperando un autobús de la empresa Andesmar se estacionó. El cartel digital que tenía decía: destino Las Grutas, Río Negro.
Lea Wittenstein se subió a bordo y cuando le pidieron los papeles, ella tranquilamente se los entregó. El conductor le sonrió, le entregó un caramelo y le deseo buen viaje.
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